Edurne Herrán

El Jardín de las emoji-delicias [Grey Flag, ARTIUM]

© Edurne Herrán, 2014
© Edurne Herrán, 2014


Pic by Joaquín Lara. ARTIUM Museum, Vitoria-Gasteiz.





(ES) El panel central de El jardín de las delicias de El Bosco, pintado hacia el 1500, ha sido vaciado de sus personajes para ser sustituidos por emojis contemporáneos. La escena de la obra renacentista, cargada de simbología, lujuria, humor y sátira, es convertida por Edurne Herrán en un espacio de celebración. Hoy han tomado protagonismo en ella los signos de los actuales sistemas de comunicación, herramientas que han dado lugar inesperadas estructuras sociales, comunidades híbridas, físicas y virtuales mucho más flexibles, con la capacidad de trasmitir ideas, organizar y empoderar experiencias en común, con un potencial de contestación, interlocución y freno sorprendentemente eficaz a las normas sociales heredadas y las pensadas inamovibles estructuras de poder.Edurne Herrán, vive y trabaja en Madrid. Su obra tiene una conexión directa con la cotidianeidad, el encuentro y la comunicación entre los individuos. En muchas de sus propuestas es la participación del público la que da sentido a la obra y la dota de un carácter performativo. Se interesa por los materiales textiles y por la indumentaria, entendida como código social y poderoso contenedor de símbolos comunicativos. Consciente de cómo las nuevas tecnologías y la red catalizan y magnifican los estados emocionales, se sirve de estos nuevos sistemas sociales y dinámicas de comunicación para contextualizar sus propuestas. Comisario: Enrique Martínez Goikoetxea.

(EN) The central panel of Bosch’s The Garden of Earthly Delights, painted circa 1500, has been emptied of its characters to be replaced by contemporary emojis. The setting of this Renaissance work, filled with symbolism, lust, humour and satire, has thus been converted by Edurne Herrán into a space of celebration. The panel now features the signs of today’s communication system, a device that has resulted in unexpected social structures, hybrid, physical and virtual communities that are much more flexible and can convey ideas and organise and empower shared experiences with a surprisingly effective capacity to respond, dialogue and check inherited social norms and previously thought entrenched power structures.Edurne Herrán lives and works in Madrid and her work is directly connected to everyday life, encounters and communication between individuals. Public participation is what provides meaning to much of her work and endows it with a performance nature. She is interested in textile materials and clothing understood as a social code and powerful receptacle of communicative symbols. She is aware of how new technologies and the Internet catalyse and magnify emotional states and uses these new social systems and communication dynamics to contextualise her ideas. Curator: Enrique Martínez Goikoetxea.

(EUS) El Boscok 1500 inguruan margotu zuen atseginen lorategiaren erdiko panela jatorrizko pertsonaiez hustu eta gaur egungo emoji-ak agertu dira bertan. Edurne Herránek ospakizun eremu bihurtu du sinbologiaz, lizunkeriaz, umorez eta satiraz betetako eszena errenazentista. Gaur, egungo komunikazio-sistemetako ikurrek hartu dute protagonismoa, ustekabeko gizarte egiturak, eta komunitate hibrido (fisiko eta birtual) askoz malguagoak sortu dituzten lanabesek; ideiak transmititzeko, taldeko esperientziak antolatu eta haiei boterea emateko gaitasuna dutenek; jasotako gizarte-arauei eta ustez mugiezinak ziren botere-egiturei iharduki, haiekin jardun eta geldiarazteko ustekabeko ahalmena dutenek.Edurne Herrán Madrilen bizi da, eta han lan egiten du. Haren lanak lotura zuzena du egunerokotasunarekin, eta norbanakoen arteko topaketarekin eta komunikazioarekin. Proposamen askotan publikoaren parte-hartzeak ematen die zentzua eta izaera performatiboa haren artelanei. Ehunak eta janzkera dira haren interesgune nagusiak, gizarte-kode eta komunikaziorako sinboloen eduki boteretsu gisa ulertuak. Teknologia berriek eta sareak egoera emozionalak nola katalizatzen eta areagotzen dituzten jabeturik, bere proposamenei testuinguru bat emateko baliatzen ditu gizarte-sistema eta komunikaziorako dinamika berri horiek. Arte Komisarioa: Enrique Martínez Goikoetxea. 
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La tabla central del Jardín de las Delicias reconstruye una historia que pudo haber sido y no fue. Un jardín de placer, sin conciencia de pecado y nos cuesta creer que el mundo representado pueda compartir espacio terrenal con nosotros. Eleva la cartografía de un espacio poblado por un bestiario medieval y despliega la utopía en un lenguaje gótico,  en una encrucijada histórica en la que se ha descubierto un Nuevo Mundo y todas las hibridaciones llegan a ser posibles.  Los espectadores actuales  no pueden  sino imaginar que la obra encierra  significados ocultos y oscuros, y que es difícil descifrar ese mundo fragmentado, que no respeta  las leyes de la perspectiva, del espacio, ni del tiempo.

Keith Moxey ha focalizado la experiencia  del anacronismo que disfrutan las obras de arte en la teoría de un tiempo discontinuo, no universal, en la heterocronía  de lo visual donde  cada lugar o cultura tiene su propia cadencia, complementario de un tiempo estético, que permite a la obra de arte seguir modificando el presente del observador, al margen de su vínculo con el tiempo histórico de su creación. 
El mundo imaginario creado por el Bosco nos fascina porque posee un tiempo estético anacrónico, convirtiéndose en una metáfora  del  espacio-tiempo actual  disperso, dividido, fragmentado, pero al mismo tiempo globalizado. 

Así, nada es más natural que pasear la mirada por ese escenario poblado de naranjos, ese huerto maravilloso con toda variedad de árboles hermosos, frutas deliciosas y querer recuperar su espacio para la actualidad.  El Bosco manejó  la iconografía tradicional  mezclando con  habilidad y libertad creadora, con humor y sátira, los monstruos y quimeras, los peces con alas y las aves marinas que habitaban los códices medievales. 

Es en  este lugar  donde Edurne Herrán puebla el Jardín de las Delicias con una iconografía de emoticonos,  llegando   hasta los espectadores actuales  que hoy  continúan  cautivos  de  las emociones y el magnetismo que irradia la obra.